
El Burlador de Sevilla y el "hacer-hacer"
1. Introducción
El análisis de un texto dramático puede ser hecho basado en muchas de las teorías sobre el teatro. Desde Aristóteles y sus unidades de tiempo, espacio y acción, hasta los más contemporáneos estudios que mezclan diversas áreas del conocimiento (la semiótica, la sicoanálisis, las teorías literarias, etc.), es posible un análisis coherente y bien hecha de una pieza.
Una de las formas de pensar el teatro es entender las relaciones que este establece con el público. En el capítulo I de Comprender el teatro – Lineamientos de una nueva teatrología – de Marco de Marinis, es planteado que existen por lo menos dos tipos de relaciones en una obra dramaturga: una relación teatral en el proceso creativo –escritor-director o director con el actor – y la relación que lleva al resultado, o sea, la relación espectáculo – espectador. Esta última es la que el autor denomina "relación teatral” por su importancia; por ser el hecho decisivo en la realización del sentido.
Según el autor:
“... la relación teatral parece consistir, fundamentalmente, en una manipulación del espectador por parte del espectáculo [...] mediante la utilización de determinadas estrategias seductivo-persuasivas, el espectáculo busca inducir en el espectador determinadas transformaciones intelectuales y emocionales [...] tratando también, a la vez, de llevarlo directamente hacia comportamientos concretos.”
Más adelante Marinis denomina lo que fue dicho en los términos de la semiótica de Greimas que son el hacer - saber, hacer – creer, y el hacer -hacer. Términos que, en la teoría del acto de habla se denominan acto locutorio, ilocutorio y perlocutorio, respectivamente.
En teatro, el acto locutorio tiene como objetivo simplemente describir algo, hacer con que el público sepa de algo que todavía no lo sabe. En el acto ilocutorio, la idea es intentar convencer alguien de algo, o sea, hacer con que el público crea en algo. Y por último, en el acto perlocutorio, el objetivo es intentar convencer el público a realizar una acción, a hacer algo.
El objetivo de este artículo es intentar demostrar que en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina existe un hacer-creer y hasta un hacer-hacer. En otras palabras, que la pieza del siglo XVII tiene varios objetivos ligados a el contexto en que fue hecha y que uno de sus intento era, de alguna manera, hacer con que el público aceptara una forma de pensar, un punto de vista dominante – que eran los valores de la sociedad y sobre todo de la iglesia - y, a partir de eso, modificar – o mantener - su forma de agir en el mundo para a manutención del status quo.
2. Desarrollo
Como ya fue dicho, la pieza que va a ser analizada en este trabajo fue hecha en el siglo XVII, en el reinado de Felipe IV, siglo que tiene algunas características que, sin duda, influyen en la recepción del texto dramático.
La publicación de El Burlador de Sevilla fue en el año de 1630, aunque es posible una versión procedente llamada Tan largo me lo fiáis, que, se supone, fue representada en Córdoba en 1617, por el grupo teatral de Jerónimo Sánchez. La autoria de la pieza es motivo de algunas controversias, pero estudiosos[1] garantizan que la autoría de la pieza es de Tirso de Molina, que es el seudónimo de fray Gabriel Téllez.
Molina nació en Madrid, el 24 de marzo de 1579 y falleció en Almazán (Soria) el 12 de marzo de 1648. Su obra pertenece al período histórico donde el movimiento artístico era el barroco, y luego, toda su obra artística tiene rasgos de este tipo de arte. Fue dramaturgo, poeta y narrador. Es considerado autor de obras religiosas que se refieren a la vida de los santos como la trilogía de La Santa Juana o La dama del olivar, e otras como Don Gil de las calzas verdes, El condenado por desconfiado. Fue un seguidor del teatro de Lope de Vega, pero logró hacer personajes más esféricos y dio profundidad sicológica a los personajes femeninos, que llegan a ser protagonistas importantes como Tisbea, Isabela y Aminta.
El burlador de Sevilla, o El convidado de piedra – otro nombre con el cual la pieza fue reconocida - son basadas en dos personajes que ya hacían parte del imaginario popular de España (Don Juan y el convidado de piedra, Don Gonzalo) y lo que hizo Molina fue buscar concretizar de una manera más fuerte y ficcional en su pieza.
El burlador de Sevilla, narra el triste fin de un noble que, confiado en su posición social y en la doctrina de la iglesia católica - que garantiza al pecador el perdón de sus errores si antes del final de su vida se arrepienta de lo que ha hecho – se burla de todas las mujeres que conoce (nobles o no) .
La pieza empieza cuando Don Juan ya está se burlando de una duquesa llamada Isabela. Ella, segura de que estaba con su novio Duque Octavio, cede a los pedidos de Don Juan, que al final es descubierto.
El Rey, que acaba siendo despierto por él, pide a Don Pedro que lo prenda, sin saber que está pidiendo a un tío que prenda a su sobrino. Don Pedro, a la vez, aunque estuviera muy enojado, deja con que su sobrino huya, y él sigue siguiendo sus impulsos haz lo mismo que hizo con Isabela con Tisbea, una pescadora, con Aminta, una plebea, y con doña Ana de Ulloa. Pero con esta es descubierto a tiempo por su padre, Don Gonzalo de Ulloa, y se enfrentan en combate en el que Don Juan mata a Don Gonzalo y tras esto huye en dirección a Lebrija.
Don Juan es un seductor que envuelve tanto a mujeres cuanto a los hombres. Es el que detiene el poder del discurso, que tiene fama, extrovertido, simpático, que rompe con los valores de su tiempo y que confiesa sus actos, no tiene vergüenza de ellos pues está seguro que al final no habrá ningún castigo.
Pero lo que pasa es justo el contrario. Muerto Don Gonzalo, levantan para él una gran estatua, en homenaje. Don Juan, al verla, se burla del muerto, le invitando a cenar en su casa. Para su sorpresa, la estatua acepta la invitación y comparece a la casa de Don Juan. Con mucho miedo, pero sin perder su honor, Don Juan cena con el convidado de piedra y da su palabra que al día siguiente cenaría con él y su lacayo Catalinón en la tumba de Don Gonzalo.
Don Juan cumple con su palabra – pues la palabra que da a un hombre siempre la cumple, al revés de lo que hace con las mujeres – y Don Gonzalo de Ulloa se venga y lo mata sin darle tiempo para el perdón de los pecados de su “Tan largo me lo fiáis”. Con esa frase, casi un refrán en la obra, Don Juan quiere decir que la muerte y el castigo de Dios que tanto le advierte todos que conocen sus burlas - sobre todo el gracioso Catalinón - , están muy lejanos y que al final seguramente todo será resuelto.
Pensando en las teorías antes descritas, es posible pensar como algunos de los valores defendidos en la obra generan el hacer-creer y el hacer-hacer.
Están claros en la obra por lo menos dos mensajes que deberán ser decodificadas por los espectadores a través de los signos, y generar o mantener ciertas funciones sociales: la primera de ellas es regular los deseos de los hombres, y la segunda es hacer con que las mujeres huyan de este tipo de hombre, pero otros valores y objetivos ideológicos se puede inferir de la pieza.
El período de la publicación y representación de El burlador de Sevilla en España y en la Europa católica, era un momento de Contrarreforma, donde los valores de la Iglesia Católica deberían ser propagados, reafirmados y sobre todo temidos. La representación de un hombre que sufre daño y castigo por sus males hechos sin duda inducen en el espectador las transformaciones intelectuales y emocionales que habla Marinis y los lleva directamente hacia comportamientos concretos. En otras palabras, produce un cambio en la sociedad que, sin pensamiento crítico o un racionamiento profundo, queda con miedo, sumisa y completamente de acuerdo con las normas preestablecidas por la Iglesia.
Algunos de los fragmentos del texto, sobre todo hablas de Don Gonzalo y los refranes de los músicos demuestran cual es la ideología de la pieza – último acto - :
El análisis de un texto dramático puede ser hecho basado en muchas de las teorías sobre el teatro. Desde Aristóteles y sus unidades de tiempo, espacio y acción, hasta los más contemporáneos estudios que mezclan diversas áreas del conocimiento (la semiótica, la sicoanálisis, las teorías literarias, etc.), es posible un análisis coherente y bien hecha de una pieza.
Una de las formas de pensar el teatro es entender las relaciones que este establece con el público. En el capítulo I de Comprender el teatro – Lineamientos de una nueva teatrología – de Marco de Marinis, es planteado que existen por lo menos dos tipos de relaciones en una obra dramaturga: una relación teatral en el proceso creativo –escritor-director o director con el actor – y la relación que lleva al resultado, o sea, la relación espectáculo – espectador. Esta última es la que el autor denomina "relación teatral” por su importancia; por ser el hecho decisivo en la realización del sentido.
Según el autor:
“... la relación teatral parece consistir, fundamentalmente, en una manipulación del espectador por parte del espectáculo [...] mediante la utilización de determinadas estrategias seductivo-persuasivas, el espectáculo busca inducir en el espectador determinadas transformaciones intelectuales y emocionales [...] tratando también, a la vez, de llevarlo directamente hacia comportamientos concretos.”
Más adelante Marinis denomina lo que fue dicho en los términos de la semiótica de Greimas que son el hacer - saber, hacer – creer, y el hacer -hacer. Términos que, en la teoría del acto de habla se denominan acto locutorio, ilocutorio y perlocutorio, respectivamente.
En teatro, el acto locutorio tiene como objetivo simplemente describir algo, hacer con que el público sepa de algo que todavía no lo sabe. En el acto ilocutorio, la idea es intentar convencer alguien de algo, o sea, hacer con que el público crea en algo. Y por último, en el acto perlocutorio, el objetivo es intentar convencer el público a realizar una acción, a hacer algo.
El objetivo de este artículo es intentar demostrar que en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina existe un hacer-creer y hasta un hacer-hacer. En otras palabras, que la pieza del siglo XVII tiene varios objetivos ligados a el contexto en que fue hecha y que uno de sus intento era, de alguna manera, hacer con que el público aceptara una forma de pensar, un punto de vista dominante – que eran los valores de la sociedad y sobre todo de la iglesia - y, a partir de eso, modificar – o mantener - su forma de agir en el mundo para a manutención del status quo.
2. Desarrollo
Como ya fue dicho, la pieza que va a ser analizada en este trabajo fue hecha en el siglo XVII, en el reinado de Felipe IV, siglo que tiene algunas características que, sin duda, influyen en la recepción del texto dramático.
La publicación de El Burlador de Sevilla fue en el año de 1630, aunque es posible una versión procedente llamada Tan largo me lo fiáis, que, se supone, fue representada en Córdoba en 1617, por el grupo teatral de Jerónimo Sánchez. La autoria de la pieza es motivo de algunas controversias, pero estudiosos[1] garantizan que la autoría de la pieza es de Tirso de Molina, que es el seudónimo de fray Gabriel Téllez.
Molina nació en Madrid, el 24 de marzo de 1579 y falleció en Almazán (Soria) el 12 de marzo de 1648. Su obra pertenece al período histórico donde el movimiento artístico era el barroco, y luego, toda su obra artística tiene rasgos de este tipo de arte. Fue dramaturgo, poeta y narrador. Es considerado autor de obras religiosas que se refieren a la vida de los santos como la trilogía de La Santa Juana o La dama del olivar, e otras como Don Gil de las calzas verdes, El condenado por desconfiado. Fue un seguidor del teatro de Lope de Vega, pero logró hacer personajes más esféricos y dio profundidad sicológica a los personajes femeninos, que llegan a ser protagonistas importantes como Tisbea, Isabela y Aminta.
El burlador de Sevilla, o El convidado de piedra – otro nombre con el cual la pieza fue reconocida - son basadas en dos personajes que ya hacían parte del imaginario popular de España (Don Juan y el convidado de piedra, Don Gonzalo) y lo que hizo Molina fue buscar concretizar de una manera más fuerte y ficcional en su pieza.
El burlador de Sevilla, narra el triste fin de un noble que, confiado en su posición social y en la doctrina de la iglesia católica - que garantiza al pecador el perdón de sus errores si antes del final de su vida se arrepienta de lo que ha hecho – se burla de todas las mujeres que conoce (nobles o no) .
La pieza empieza cuando Don Juan ya está se burlando de una duquesa llamada Isabela. Ella, segura de que estaba con su novio Duque Octavio, cede a los pedidos de Don Juan, que al final es descubierto.
El Rey, que acaba siendo despierto por él, pide a Don Pedro que lo prenda, sin saber que está pidiendo a un tío que prenda a su sobrino. Don Pedro, a la vez, aunque estuviera muy enojado, deja con que su sobrino huya, y él sigue siguiendo sus impulsos haz lo mismo que hizo con Isabela con Tisbea, una pescadora, con Aminta, una plebea, y con doña Ana de Ulloa. Pero con esta es descubierto a tiempo por su padre, Don Gonzalo de Ulloa, y se enfrentan en combate en el que Don Juan mata a Don Gonzalo y tras esto huye en dirección a Lebrija.
Don Juan es un seductor que envuelve tanto a mujeres cuanto a los hombres. Es el que detiene el poder del discurso, que tiene fama, extrovertido, simpático, que rompe con los valores de su tiempo y que confiesa sus actos, no tiene vergüenza de ellos pues está seguro que al final no habrá ningún castigo.
Pero lo que pasa es justo el contrario. Muerto Don Gonzalo, levantan para él una gran estatua, en homenaje. Don Juan, al verla, se burla del muerto, le invitando a cenar en su casa. Para su sorpresa, la estatua acepta la invitación y comparece a la casa de Don Juan. Con mucho miedo, pero sin perder su honor, Don Juan cena con el convidado de piedra y da su palabra que al día siguiente cenaría con él y su lacayo Catalinón en la tumba de Don Gonzalo.
Don Juan cumple con su palabra – pues la palabra que da a un hombre siempre la cumple, al revés de lo que hace con las mujeres – y Don Gonzalo de Ulloa se venga y lo mata sin darle tiempo para el perdón de los pecados de su “Tan largo me lo fiáis”. Con esa frase, casi un refrán en la obra, Don Juan quiere decir que la muerte y el castigo de Dios que tanto le advierte todos que conocen sus burlas - sobre todo el gracioso Catalinón - , están muy lejanos y que al final seguramente todo será resuelto.
Pensando en las teorías antes descritas, es posible pensar como algunos de los valores defendidos en la obra generan el hacer-creer y el hacer-hacer.
Están claros en la obra por lo menos dos mensajes que deberán ser decodificadas por los espectadores a través de los signos, y generar o mantener ciertas funciones sociales: la primera de ellas es regular los deseos de los hombres, y la segunda es hacer con que las mujeres huyan de este tipo de hombre, pero otros valores y objetivos ideológicos se puede inferir de la pieza.
El período de la publicación y representación de El burlador de Sevilla en España y en la Europa católica, era un momento de Contrarreforma, donde los valores de la Iglesia Católica deberían ser propagados, reafirmados y sobre todo temidos. La representación de un hombre que sufre daño y castigo por sus males hechos sin duda inducen en el espectador las transformaciones intelectuales y emocionales que habla Marinis y los lleva directamente hacia comportamientos concretos. En otras palabras, produce un cambio en la sociedad que, sin pensamiento crítico o un racionamiento profundo, queda con miedo, sumisa y completamente de acuerdo con las normas preestablecidas por la Iglesia.
Algunos de los fragmentos del texto, sobre todo hablas de Don Gonzalo y los refranes de los músicos demuestran cual es la ideología de la pieza – último acto - :
MUSICOS: “Adviertan los que de Dios
juzgan los castigos tarde,
que no hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague”
MUSICOS: “mientras en el mundo viva,
no es justo que diga nadie
qué largo me lo fiáis
siendo tan breve el cobrarse”
GONZALO: [..] y así pagas e esta suerte
las doncellas que burlaste.
ésta es justicia de Dios,
quien tal hace, que tal pague.[grifos míos]
E por fin, el propio Don Juan intenta adecuarse a las normas de las que tanto huyó, y pide:
JUAN: Deja que llame
quién me confiese y absuelva.
3. Conclusión
juzgan los castigos tarde,
que no hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague”
MUSICOS: “mientras en el mundo viva,
no es justo que diga nadie
qué largo me lo fiáis
siendo tan breve el cobrarse”
GONZALO: [..] y así pagas e esta suerte
las doncellas que burlaste.
ésta es justicia de Dios,
quien tal hace, que tal pague.[grifos míos]
E por fin, el propio Don Juan intenta adecuarse a las normas de las que tanto huyó, y pide:
JUAN: Deja que llame
quién me confiese y absuelva.
3. Conclusión
Sin duda, presentarse delante del público con una ideología y con un objetivo concreto es una de las funciones que el teatro puede y debe realizar. A partir del momento en que se coloca en un palco, tiene la oportunidad de producir cambios. En este texto específicamente no es posible reconocer la medida exacta de cómo fue su recepción o si de hecho produjo nuevos comportamientos concretos, pues como dice Federico Irazábal en El giro político un texto producido con la intención de ser político puede no ser decodificado como tal por sus espectadores al paso que un texto que no es necesariamente político puede volverse a esta modalidad si sus lectores lo lean desde ahí.
Pero lo que si se puede afirmar es que el mito del Don Juan fue un representante formidable de los valores de cada época en que fue representado. La comedia del Don Juan de Molina y todos los Don Juanes siguientes fueron hechas con la función que los mitos por su definición mantienen: el de regular la sociedad, de regular su funcionamiento.
Y además, como comedia definida por Lope de Vega, no si opone al status quo, y de por si no es un texto subversivo.
4.Referencias bibliograficas
Acerca de Hispania <http://www.espanolsinfronteras.com/AcercaEspana00.htm> acceso en 09/04/2009
Historia de España
<http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Espa%C3%B1a> acceso en 09/04/2009
IRAZÁBAL, Federico. El giro político: una introducción al teatro político en el marco de las teorías débiles (debilitadas). – 1º Ed. – Buenos Aires: Biblos, 2004.
MARINIS, Marco de. Comprender el teatro: lineamientos de una nueva teatrología. Buenos Aires: Galerna, 1997.
MOLINA, Tirso de. <http://www.librodot.com/searchresult_author.php?authorName=Molina%2C+Tirso+de> aceso em 10/04/2009
Todo sobre España <http://www.red2000.com/spain/primer/1hist.html%3e%20acceso%20en%2010/04/2009
[1]Algunos estudiosos contemporáneos como Luis Vázquez y José María Ruano de la Haza.
Pero lo que si se puede afirmar es que el mito del Don Juan fue un representante formidable de los valores de cada época en que fue representado. La comedia del Don Juan de Molina y todos los Don Juanes siguientes fueron hechas con la función que los mitos por su definición mantienen: el de regular la sociedad, de regular su funcionamiento.
Y además, como comedia definida por Lope de Vega, no si opone al status quo, y de por si no es un texto subversivo.
4.Referencias bibliograficas
Acerca de Hispania <http://www.espanolsinfronteras.com/AcercaEspana00.htm> acceso en 09/04/2009
Historia de España
<http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Espa%C3%B1a> acceso en 09/04/2009
IRAZÁBAL, Federico. El giro político: una introducción al teatro político en el marco de las teorías débiles (debilitadas). – 1º Ed. – Buenos Aires: Biblos, 2004.
MARINIS, Marco de. Comprender el teatro: lineamientos de una nueva teatrología. Buenos Aires: Galerna, 1997.
MOLINA, Tirso de. <http://www.librodot.com/searchresult_author.php?authorName=Molina%2C+Tirso+de> aceso em 10/04/2009
Todo sobre España <http://www.red2000.com/spain/primer/1hist.html%3e%20acceso%20en%2010/04/2009
[1]Algunos estudiosos contemporáneos como Luis Vázquez y José María Ruano de la Haza.