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quinta-feira, 18 de dezembro de 2008

Los conflictos entre "imaginación" y "realidad" y la dimensión autoconsciente de Don Quijote de La Mancha


Don Quijote de La Mancha es, sin duda, una de las más importantes obras literarias de la historia mundial. Su autor, Miguel de Cervantes, además de concretizar y definir lo que vino a llamar “novela”, innovó en muchos aspectos en la forma de hacer literatura. Sus recursos literarios son innovadores hasta hoy.

Por su importancia, son innumerables los estudios acerca de Don Quijote de La Mancha[1]. Mucho se publicó con miradas filosóficas, lingüísticas, sociales, religiosas, humanitarias, históricas, literarias, etc. Pues Cervantes, de forma muy genial, hace referencia a todo eso a lo largo de las dos partes de la obra.

Este artigo aborda temas más literarios y la intención es pensar acerca de características importantes de la obra como los claros conflictos entre imaginación y “realidad” y además procura pensar sobre la dimensión autoconsciente de la obra. Para este estudio fueron elegidos el “Prólogo” y los diez primeros capítulos como foco principal de análisis-.

Mario Vargas Llosa en “Una novela para el siglo XXI” dice que “El gran tema de Don Quijote de La Mancha el la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va modelando, transformando” (pg. XV)[2]. En este sentido, es justificable la discusión de un tema que además de importante es central en la obra.

Se puede decir que el conflicto entre “realidad” y ficción (o imaginación) empieza desde el prólogo dónde el autor presenta al lector un amigo/consejero suyo que casi seguramente no existió. Cervantes incluso escribe los diálogos que tiene con su amigo:

“Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en una carga de risa, me dijo:
- Por Dios, hermano, que ahora me acabo de desengañar de un engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco…” (pg. 9).


Diálogos que, de tan detallados, llevan el lector a dudar si de hecho aquello se pasó. Luego, antes de empezar la lectura del primer capítulo, el lector no siente estar en suelo firme: lo que dice Cervantes no es totalmente confiable.

Después, la figura del Quijote se muestra como la representación máxima del conflicto ya mencionado porque el narrador principal (son varios a lo largo de la obra) llama atención para la locura en que Quijote vive, siempre poniendo al lector la visión de la “realidad” en contraposición a lo que el Quijote ve:

“… y nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle la puente levadiza y honda cava…” (pg.36-37).

Sin embargo, Don Quijote se cree un personaje de la ficción (como de hecho es) y por eso tiene una noción de “realidad” aun más grande que la del propio narrador.

Claro está que el conflicto de “realidad” y imaginación está lejos de presentar un equilibrio.

Vargas Llosa, en el texto ya citado, pone de relieve que el hidalgo, por las fantasías de los libros de caballería que lee, se lanza al mundo creyendo que este es como lo describen las novelas de Amadises y Palmerines. Busca vivir de manera paródica, provocando y padeciendo pequeñas catástrofes. Pero “él no saca de esas malas experiencias una lección de realismo” (pg.XV), las atribuye a encantamientos.

O sea, Don Quijote vive su ficción, su realidad, en lo máximo posible, no vuelve nunca a vivir según las reglas del “mundo palpable” de la novela. Tal certeza es tan fuerte que contaminan a los demás personajes..

El mejor ejemplo es su fiel escudero Sancho Panza que en los primeros capítulos es muy pragmático y que poco a poco es envuelto por la imaginación de su amo: va perdiendo la noción de lo que es de hecho real o no.

Hay entonces un permanente conflicto entre lo que se dice y lo que es real – el lector pierde un buen aliado de la realidad que es Sancho cuando este pasa a compartir las ideas de su amo - .

Otro buen ejemplo de la confusión que se hace entre la realidad y la imaginación se pasa cuando el cura y el barbero, juntos con el ama y la sobrina del hidalgo van a su biblioteca con la intención de quemar los libros de caballería que tanto daño hicieron a Alonso Quijano (nombre por el que Quijote es conocido en su aldea). Pero consigue lo contrario: que la ficción devore la realidad (Llosa, pg. XVI). Para justificar que la biblioteca no existe más, recurren a más ficción atribuyendo el hecho a un hechicero enemigo del Quijote y este se queda completamente convencido.

En esta escena se ponen de un lado la sobrina y el ama, que creen que el problema de hidalgo está en los libros hechizados y que estos nada más son que instrumentos del mal y del otro el cura y el barbero que no tienen la visión del encantamiento, hacen solo el papel de la crítica literaria seleccionando los buenos y los malos libros. Otra vez, imaginación y realidad, frente a frente.

El capítulo VI, donde se pasa todos estos hechos de la biblioteca está también una de las marcas del carácter autoconsciente de la obra. Mientras están seleccionando los buenos y malos libros, el barbero encuentra La Galatea, obra del propio Cervantes, y hace reflexiones muy acertadas de lo que se pasa en la realidad: que el libro “propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete…” (pg.68).

La crítica que el propio autor hace a otro libro suyo se muestra como una manifestación de la reflexión sobre el proceso de escribir. Es el autor hablando sobre si mismo en un movimiento hasta filosófico en el cual no se sabe el verdadero referencial. No se sabe incluso lo que es real.

El ápice del proceso de autoconsciencia de la obra se pasa en la segunda parte cuando Don Quijote y Sancho Panza saben que son personajes de ficción y que fueron leídos por la gente. Se saben conocidos, como de hecho eran pues la primera parte fue escrita por lo menos diez años antes de la segunda y mientras esta última parte no había sido publicada, la primera fue muy leída.

Esta consciencia de Don Quijote y Sancho Panza como siendo personajes de un libro y no una representación, una mimesis de la realidad es, seguramente, una de las marcas más evidentes de la genialidad de Cervantes como ficcionista. Hasta hoy este es un tema muy obscuro para los estudiosos debido a su complejidad literaria y filosófica pues, lo tradicional es que las personajes de libros “vivan” en su mundo y que no tengan noticias de lo que pasa en la “realidad”. Sin embargo en Cervantes estos límites no existen y la personaje sale del libro y pasa a convivir con los lectores.

Este artigo no tiene la pretensión de agotar el análisis de estos temas en la obra de Cervantes pues la complejidad textual y filosófica de la obra la hizo tan admirada y estudiada por todo el mundo. La idea es empezar una discusión sobre estos dos temas que son tan destacados a lo largo de Don Quijote de La Macha.

Bibliografía
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes http://www.cervantesvirtual.com/ disponible en: 29/10/08

CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de La Mancha. Edición de IV centenario, Alfaguara:2005.

LLOSA, Mario Vargas. “Una novela para el siglo XXI” in Don Quijote de La Mancha. Edición de IV centenario, Alfaguara:2005.

“Presentación” de in Don Quijote de La Mancha. Edición de IV centenario, Alfaguara:2005.

[1] La edición utilizada en este trabajo fue: CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de La Mancha. Edición de IV centenario, Alfaguara:2005.
[2] Mario Vargas Llosa es un conocido escritor de lengua española. Nacido en Perú, es reconocido como novelista, periodista, ensayista y político. El texto mencionado se encuentra en la “presentación” de la edición del IV centenario de Don Quijote.

quarta-feira, 17 de dezembro de 2008

Fernando Pessoa e a Heteronímia





Um dos melhores jeitos de começar um site que trata da palavra é fazendo uma reflexão sobre o grande autor Fernando Pessoa. Este se dedicou a ela de forma tão contundente, que é impossível não se espantar com a sua genialidade.


Um dos maiores escritores de língua portuguesa, esse autor tem como característica principal o uso da heteronímia em suas composições poéticas.



Mas qual é afinal o significado deste termo? Pode-se dizer que é algo semelhante ao que entendemos como pseudônimo mas com a diferença de que o heterônimo possui traços próprios da sua personalidade, é inserido em um contexto histórico, possui um passado que o modelou para o presente... ou seja, ele tem uma vida própria.



E o autor que melhor trabalhou esse recurso, foi sem dúvida Fernando Pessoa. Seus heterônimos mais conhecidos são: Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caieiro e o heterônimo Fernando Pessoa - é complexo, mas ele criou um heterônimo com o próprio nome - .



A heteronímia será pensanda através da análise de dois poemas escritos com heterônimos distintos. Entretanto, para que este objetivo seja alcançado é necessário voltar para as vozes que estão por trás disso.






Entende-se que a obra de Fernando Pessoa é o ápice do que vinha sendo pensado e discutido sobre produção literária por diversos autores. A idéia romântica de que o autor nada mais era que um gênio, um iluminado, um ser dotado de sensibilidade orgânica superior à comum[1], foi sendo repensada e contradita por vários autores que dentre eles se destacam inicialmente Willian Wordsworth, S. T. Coleridge, passando por T. S. Eliot, Edgar Allan Poe e posteriormente Umberto Eco.



De forma geral, tais autores, através da explicação do próprio processo de composição, defendem a idéia de que para se produzir uma obra literária é necessário muito mais “transpiração” que inspiração. Isso quer dizer que pensar, analisar, estudar e trabalhar muito em cima de um texto poético ou ficcional é fator primordial para que este seja um bom trabalho[2].




Além disso, alguns desses autores deixam claro que não existe a necessidade de se ter vivido certa circunstância ou sentido certa emoção para que se possa falar sobre ela. O texto deve ser arranjado de tal maneira (e tal arranjo é minuciosamente pensado e trabalhado em diversos níveis como: extensão, beleza, tom, refrão, etc.) que é o leitor que deve se emocionar com o que está lendo. Com tanta precisão, não é inclusive recomendável que o autor esteja falando de sentimentos que sentiu, mas sim ficcionalizar, organizar o texto da melhor maneira a fim de provocar o efeito desejado no leitor.




Fernando Pessoa foi um escritor que, por ter sido alfabetizado em inglês na África do Sul, sua educação literária é de tradição inglesa e pode-se dizer que ele bebeu na fonte dos pensadores ingleses[3] citados acima e que era contrário a idéia do romantismo latino no qual a inspiração era a principal explicação para um processo criativo.





Logo, longe de entender seu processo de criação e de heteronímia como um dom, um presente dos deuses, certa vez declarou em uma carta[4] algumas possíveis explicações para o fato de conseguir dar nome, características próprias, estilo de escrita, ambientes, histórias, amores, ideologias, etc. a cada um de seus heterônimos de forma tão convincente. Tais explicações descabidas começam quando ele afirma que pode ser que ele seja um histérico, ou melhor dito, um “histero-neurastênico”, doença que o leva a uma tendência natural à despersonalificação[5] e à simulação. Esta é uma explicação racional e médica para sua forma de escrita, entretanto Pessoa segue dando explicações que passam por características da sua infância, até finalizar com outras baseadas no esoterismo. Nesta carta percebe-se claramente que a intenção de Fernando Pessoa é confundir o seu leitor, mostrando-lhe as várias explicações possíveis para o processo de escrita, sendo nenhuma delas verdadeiramente convincente.




A publicação dos poemas “Autopsicografia” e “Isto” mostram o que de fato Pessoa pensava a cerca de heteronímia e de recepção de seus poemas. Ao declarar que o poeta é um fingidor em “Autopsicografia” o autor mostra estar em consonância com Eliot no que diz respeito ao fato de que o que está escrito não necessariamente é o que se viveu, mas o que se poderia ter vivido.



O poeta “finge”, ou seja, ficciona, cria a possibilidade de algo ter acontecido. E ao fingir bem, convence a quem lê. Toda essa teoria fica ainda mais clara em “Isto” quando afirma que ele “sente com a imaginação” e finaliza dizendo “Sentir? Sinta quem lê”.




A criação, portanto, dos heterônimos é Fernando Pessoa levando todas estas teorias às últimas conseqüências: é a concretização máxima do que vinha sendo dito a cerca do poeta não precisar ter vivido um fato para poder falar de forma verossímil sobre ele. Atentando-se somente em três deles: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos e Ricardo Reis pode-se perceber o quanto a imaginação é primordial para a composição.




Pessoa cria para cada um de seus heterônimos além de tipos físicos diferentes, um estilo de escrita, um ambiente, gostos, filosofias, angústias, etc. E é incrível perceber como é articulado o encontro desses “personagens”. Pode-se tratá-los como personagens porque, apesar de escreverem poemas, o leitor pode acompanhar que eles se encontraram, conversaram e se admiraram em alguma instância.




Nos dois poemas que se encontram abaixo, pode-se perceber a admiração de Ricardo Reis e Álvaro de Campos a Alberto Caeiro, chamando-lo de “mestre”. O tratam de mestre por ter este último criado teorias sobre como se deve encarar o mundo que os outros dois gostariam muito de seguir e, no entanto, não conseguem.



Entretanto, o mais impressionante é que nem Ricardo Reis nem Álvaro de Campos existiram e admiram um terceiro que tão pouco é real. Cada um desses personagens é um pouco de cada ser humano e Pessoa foi capaz de observar estilos reais de vida e ficcioná-los de forma bastante verossímil.




Foi então na heteronímia que Pessoa colocou em prática todas as teorias citadas acima; é a concretização máxima de tudo o que vinha sendo pensado a cerca do processo criativo que incluem o fato de que composição de um texto literário é transpiração e que este não é advindo, necessariamente, da experiência vivida.

Os poemas citados são:


Mestre


Álvaro de Campos


http://www.secrel.com.br/jpoesia/facam21.html




Mestre


Ricardo Reis


http://www.jornaldepoesia.jor.br/rico05.html


Para mais:

http://www.pessoa.art.br/index.php

















[1] WORDSWORTH, Willian. Prefácio às baladas líricas In: LOBO, Luiza (org.) Teorias poéticas do Romantismo. Porto Alegre: Mercado Aberto, 1987.
[2] Poe em “Filosofia da composição” chega a afirmar que para a produção de “O corvo” “...o trabalho caminhou, passo a passo, até completar-se com a precisão e a seqüência rígida de um problema matemático” (pg.62).
[3] Exceto Umberto Eco que já é um escritor do século XX e além disso é italiano.
[4] “Carta a Adolfo Casais Monteiro” Fernando Pessoa.
[5] Termo que faz referência ao que Eliot diz a respeito do processo de produção literária.